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    por flavia da rin

    Por Flavia Da Rin
    Presentación del libro editado por Adriana Hidalgo, Malba.

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    Capricho
    Amor
    Palabra
    Encuentro

    Es la décima vez que escribo este texto de presentación, a veces se me hace muy técnico y parco, a veces me paso de emotiva.
    Es difícil hablar del diccionario sin hablar de Diana y hablar de Diana sin hablar de ella como artista, como amiga, como maestra.
    Comencé a escribir para el diccionario en el 2001 si no me equivoco, antes de conocerla personalmente. Nos habíamos contactado a través de lo que se llamaba café Ramona, una especie de pre-foro de la revista. En ese entonces yo trabajaba en una oficina y cuando podía buscaba definiciones en paginas Web para enviarle, era frecuente que le dijera: “Diana que te busco ahora?”.
    Iban y venían, pedazos de artículos, canciones, formulas, links. También le enviaba las obras (horribles) que estaba haciendo, a lo que ella me respondía con preguntas. Las más simples. Esas que hacen temblar todo lo venís haciendo.
    “El que pasa por esa puerta es por algo” me dijo cuando entre por primera vez al taller de Av. Corrientes después de varios meses.
    Hay algo de mágico en como Diana ve los encuentros.
    Como si solo eso bastara, esta calidad de encuentro como generador de la experiencia artística o la posibilidad de la obra: “cuando alguien mira la pantalla, ya hay obra” dice
    busco-encuentro
    Pregunta – respuesta
    Bastante simple.
    También insiste en la simpleza, en que las cosas simples no son bobas.
    Generalmente se pasa por alto pero creo que un aspecto muy llamativo del proyecto del diccionario es su sistema de colores. El fondo amarillo y las letras rojas y azules es tan clásico y reconocible como el rojo y blanco de coca cola.
    Personalmente cualquier cosa que vea con esa elección y proporción de colores me va sonar a “a quien guste colaborar…”. Actualmente me sucede con una marca de fósforos donde inevitablemente espero que aparezca un “busco Cerilla”,
    No es que haya un estudio de marketing atrás del diccionario, son solo los colores primarios.
    Y Allí esta la cuestión, Diana elige unidades básicas de construcción. Aquel modulo que sirve para construir todo lo demás.
    No en vano su pedido de que el formato del libro fuera “formato ladrillo”.

    Lo básico y la simpleza creo que en realidad hablan de volver al momento donde nos preguntamos nuevamente acerca de porque hacemos lo que hacemos. No esta mal preguntar 10 veces el porque de algo hasta entenderlo, no esta mal preguntarse 100 veces una cosa hasta que realmente decís algo con tus palabras.
    Porque convengamos que muchas veces no hablamos con nuestras palabras, que es difícil sacarse de encima, modismos y vicios.
    De eso se trata su trabajo como docente, de eso se trata el diccionario. En ultima instancia lo que “BUSCA” es cuestionar lo dado y recuperar “el lugar de autodeterminación del ser humano frente a los formatos establecidos.”
    Ese lugar de autodeterminación puede provenir incluso de un capricho. La primera edición del diccionario se llamo justamente “100 palabra porque si”. “Porque lo digo yo”, mientras allí haya una certeza, propiao inventada, no importa.

    Otras herramientas fundamentales en el universo Aisenberg son las listas y los regalos.
    En el taller teníamos listas de preguntas, listas cosas que nos gustaban, listas de referentes, listas de ejercicios, listas de pedidos, listas de ofrecidos, en sus cuadros hay listas como catálogos de frutas, de vacas, de gallinas, de nenas.
    El diccionario es una gran lista de palabras ordenadas. Son formas de relacionarse con el lenguaje, buscando diversos órdenes.
    El orden y los órdenes, por que las cosas debieran ordenarse de tal manera si pueden ordenarse de otra? Alguna vez Diana me contó que en una época su obsesión era ordenar los elementos de un cuadro como uno deja las llaves al lado del teléfono por ejemplo. Ese orden arbitrario de la cotidianeidad es también otro tipo de orden.

    Durante las clínicas era costumbre regalarle algo a quien mostraba, cualquier cosa, un chocolate, una hebilla, un dibujo. Había algo en esa entrega que te situaba en un lugar más amoroso. No menos critico, no menos comprometido si no más conciente del vínculo.
    El diccionario crea vínculos. Entre la palabra y la persona (al reflexionar sobre los términos), la persona y su lenguaje (que en cada definición se lo apropia nuevamente) persona y persona.
    Daisy dice que “las respuestas son como regalos”. Hay una cualidad afectiva también en las colaboraciones al diccionario.
    El contacto es a través de las “búsquedas”, pero lo que garantiza la participación es el nexo que cada uno de nosotros tiene los mails amarillos.

    Finalmente otra vez la palabra.
    Quienes conocen su obra pictórica saben que en muchas de sus obras aparecen escritos nombres propios, animales con nombres por ejemplo. El peso del nombrar algo como afirmación, “esto es tal cosa”, “esto es tal otra”.
    Esta gallina se llama Maria y este gallo se llama Juan, porque puedo hacerlo, y porque no lo haría? Esto es una naturaleza muerta y esto es un diccionario.
    Diana da lugar a un espacio para el encuentro, para pensar de vuelta lo que es obvio, establecer nuevos criterios, para traducir a palabras lo que hacemos los artistas, se coloca a ella misma por capricho en un lugar donde habilita la voz de todos, sin mas jerarquización que la utilitaria la necesaria para organizar un diccionario.
    Todo lo abarca, y se expande implacablemente, como los círculos de agua, todos los colaboradores (1166 al día de hoy), todos los formatos (Urnas, cupones, volantes, revestimientos de piso, publicaciones, instalaciones, marcos de cuadros, remeras, mesas, paredes, neones, graffitis, instalaciones, páginas web), todos los ámbitos (fue presentado en ciclos de poesía, en actos públicos, museos, galerías y eventos artísticos.).

    Y estas cualidades no son excluyentes del diccionario.
    Es una reflexión sobre el lenguaje que comienza en la intimidad y que solo se completa al encontrarse con otro (obra, colaborador, alumno, colega). Que crea y se mantiene a través de los vínculos, que promueve un uso “responsable” del lenguaje (en el sentido de hacerse cargo de por qué uno dice lo que dice, y qué dice), que abre un espacio de dialogo, que intenta afianzarnos en el con nuestras certezas, intuiciones y caprichos.

    Este libro es la encarnación del modo de pensamiento de Diana, de una actitud que recorre su condición de maestra, su obra y la forma en que se acerca a la obra de los otros y a nosotros.

     

    Por Gabriel Gutnisky

    Por Gabriel Gutnisky
    Presentación Centro Cultural España Córdoba

    Cuando días atrás me habló por teléfono Alejandro Cánepa de la editorial Adriana Hidalgo para invitarme a presentar “Historias de arte, Diccionario de certezas e intuiciones” de Diana Aisenberg, yo no había leído aún el libro ni tampoco había seguido el desarrollo de sus antecedentes en la revista Ramona.

    Al terminar de leerlo no pude dejar de pensar que este libro fue pensado por una artista plástica como una obra de arte múltiple. Es decir algo que no se va a colgar de una pared ni va a formar parte de una muestra, sino que está previsto llegue de manera accesible a quienes pudiera interesarles ,democratizando su difusión

    ¿A que me refiero con la denominación de obra múltiple si en apariencia se trata sólo de un diccionario?. Pocas cosas parecen oponerse tanto a la idea de polisemia del arte y a su sentido amplio, vago, difuso o aproximativo que un diccionario. Algo tradicionalmente dirigido a determinar con el máximo de orden o codificación la significación de una palabra o la naturaleza de una cosa. Si la obra de arte expande, amplía, conforma cadenas de sentido, la sustancia del diccionario por el contrario pretende claridad, exactitud, decide, determina, resuelve.

    Sin embargo el diccionario de Diana Aisenberg es otra cosa. Dentro de la crisis del objeto de arte tradicional y su actual falta de normatividad, aparece aquí la palabra escrita como un intento de superar la distancia creador/receptor y en ese gesto de Diana Aisenberg reside lo más interesante de su propuesta.

    No es tanto lo que ya está editado y en nuestras manos sino todo el proceso que lo hizo posible. Porque este diccionario lleno de definiciones “subjetivas” es justamente eso : otra forma de nombrar pero desde la participación colectiva y a través de modos de implicación. Si bien le cupo a la artista –como en un juego con papeles de colores- seleccionar y ordenar, no es menos cierto que este diccionario se conformó con los aportes de varios centenares de colaboradores-artistas, quienes de una u otra forma manifestaron la voluntad de exponerse exponiendo cuestiones de vida, reflexiones teórico-ideológicas, aspiraciones comunicacionales o poéticas.

    Las definiciones resultaron tan variadas y con tantos niveles de lectura como participantes colaboraron en su redacción. Esa relación con la propia interioridad (deseos, temores, gustos, recuerdos) se inscribe a su vez en un acto de creación coral de definiciones estimativas, parciales, afectivas y nada restrictivas que es en definitiva la manera en que pensamos el mundo. Algo que sin dudas escapa a la exactitud genérica del significado aislado o unívoco de un diccionario común.

    Creo que la mejor contribución de Diana Aisenberg fue la de considerar este libro como un modo de implicación e inserción, porque articuló narraciones y significados, sumando voluntades y definiciones que manifiestan la existencia y el reconocimiento de los otros.

    Esta obra está condenada a no ser una mera compilación debido a que prevalece en ella la idea de contacto y testimonio. Es decir que, concordemos o no con algún enunciado, lo mismo nos ilumina y nos permite tramar los hilos de nuestra propia definición. El diccionario de certezas e intuiciones es en definitiva y siguiendo a Barthés, una ficción de una ficción, es decir algo irreductible que intenta hablar de arte desde el arte.

    presentacion malba por aisenberg

    Por Diana Aisenberg

    Hay una frase que está citada en el diccionario, en la entrada forma, es de Rudolf Steiner y a míi me gusta mucho. Dice: el molde no existe por causa suya sino por causa del pastel. Lo que importa es que lo que está dentro del molde reciba su forma... (la obra de arte consiste en la vivencia del alma cuando se entrega a las formas y se moldea de acuerdo a ellas).
    Creo que me gusta mucho porque no la entiendo demasiado. A veces la leo, y tengo la certeza de saber exactamente de qué esta hablando. Otras veces me pregunto, cuál será el molde, y cuál será el pastel. Si la obra de arte es el molde o el pastel. Si la obra es la vivencia del alma, si el alma es el molde y si la forma es el pastel.
    Creo que algo de esto me sucede haciendo el diccionario. Es un trabajo que me permite ser autora y no serlo, ser colaboradora y aparecer en autorías colectivas, o entregarle al trabajo un texto que escribí para otra cosa y que necesariamente pertenezca a la categoría de entregas especiales.
    Me gusta sentir que alguien que vivió en otra época me habla, y citarlo para que les hable a otros. Me gusta incorporar a un escritor y citarlo como si fuera un amigo, como a Felisberto Hernández, por ejemplo: él es mi amigo. Y aparece bastantes veces en la categoría: citas.
    Estas categorías organizan singularmente esta versión del diccionario, hacen este libro así como es: lo arman y también, lo decoran. Este ordenamiento nace en éste y para este libro. Es una idea de Fabián Lebenglik, editor de esta editorial, al quien nunca le agradecí explícitamente, y aprovecho esta oportunidad publica para hacerlo.

    El video: prólogo que editamos para esta presentación el la versión video3 del diccionario. Lo elegimos para enmarcar este libro en el recorrido del proyecto total. Vienen dos más en camino. En este viaje audiovisual tengo una socia de lujo, Marina Rubino. Marina es mi maestra del documental. Y por último quiero agradecer especialmente a Adriana Hidalgo ya que el hecho de conocerla me certifica una vez más que la calidad del encuentro entre las personas es lo que garantiza la existencia de las obras.

    palabras con pollerita

    PALABRAS CON POLLERITA
    Christian Ferrer
    Presentación del libro editado por Adriana Hidalgo, Malba.
    Alguna vez pensé que el proyecto de Diana Aisenberg era irrealizable; alguna vez lo sospeché interminable y muy difícil de coordinar; alguna vez supuse que la cabeza de artista de Diana se extraviaría en el laberinto de definiciones que, en más de un sentido, resultaba ser una galería de espejos deformantes. Me lamento ahora de haber confiado tan poco en Diana, pues en verdad nadie precisa de asesores o expertos en ideas y conceptos a fin de ovillar y desovillar las tensiones, los pormenores y los interrogantes que dan forma a la experiencia artística, y a la de quienes se sienten concernidos por ella. Diana Aisenberg ha realizado una proeza. La primera vez que recibí un correo informático clamando por respuestas a ciertas voces de diccionario, me sentí llamado a enviarle ideas, aún cuando nunca lo hice. Sin embargo, me acostumbré a esperar –y admirar– cada una de esas botellas al mar que Diana nos lanzaba, y que a su vez fueron por mí remitidas a posibles colaboradores. Una vez, en su casa, me mostró las ristras de material en bruto que había ido coleccionando en su computadora, y que parecían conformar la hilatura radial de un centro arácnido. No era así: ella llamaba “torta” a las sucesivas capas de respuestas ofrecidas por seres que solían ser, la mayor parte de las veces, anónimos o desconocidos. Era la lenta cocción, y no la intriga laberíntica, lo que mejor definía a su labor. La recolección de voces suponía un inmenso acto de amor. No minimizo los objetivos estéticos y políticos que concurren en este diccionario, pero al leerlo me doy cuenta que es inútil consultarlo como si se saqueara una cantera conceptual; más bien debe recorrérselo con la curiosidad y la alegría de quien se sabe aceptado como un huésped del lenguaje. El verdadero diccionario habita en la conversación –es decir, en las asperezas y suavidades de las preguntas experienciales que nos propone el arte– y no en el virtuosismo descripcionista de las academias, sean éstas formadas por personas solemnes o por personajes díscolos.
    Se diría una encuesta por correspondencia cuyo destilado podría ser apreciado aquí tanto como allá, en esta ciudad como en el orbe entero. Pero las voces que fueron remitidas al poste restante de Diana Aisenberg están acentuadas menos en castellano que en “argentino”: la resonancia lingüística es nuestra, y es éste atributo lo que vuelve imprescindible su lectura. El extranjero que lo consulte encontrará frutos en abundancia para degustar, pero el sabor de cada concepto es –perdóneseme la palabra– nacional. Basta recorrer las certezas e incertezas que convergen en la noción de “años ‘80” para darse cuenta que el diccionario de Diana se corresponde con una memoria o una confesión –generacional, además. Sin duda, el lenguaje de los artistas es mayormente balbuceante y su precisión, intuitiva, pero ambas condiciones en nada afectan al proyecto autoreflexivo del diccionario, que está a salvo del mal inverso que padece la gente que se dedica a las ciencias humanas: el “preciosismo conceptual”, es decir el “precisionismo”. Muy por el contrario: a fin de que esta red etimológica de la actualidad –historias del arte– pudiera ser volcado a la letra de molde era necesario no ya cuestionar al concepto mismo de definición sino también subvertirlo, y justamente por eso las definiciones no temen contradecirse entre sí, asumen contornos divertidos o asombrosos, y jamás dejan de hacer sentir al lector el perfume y el ritmo de la flora y fauna variadas que reclamaron su lugar en estas páginas. Exactamente seiscientos cuarenta y tres colaboradores, que concordaron en ser no tanto los partícipes de una multitudinaria obra colectiva como en dar vida a una inédita colectividad de personas capaces de proponer ideas valiosas que de otra manera se hubieran perdido para siempre en el aire de una conversación o en la elocuente mudez de un diario íntimo de trabajo. Diana, paciente, dedicada, angustiosa, obsesiva y amorosamente, acogió a todos ellos en su casa, este diccionario.
    De cabo a rabo del abecedario, al diccionario todo lo afecta, porque es una obra viviente que podría rehacerse todo el tiempo a sí mismo: “sensor y receptor de lo que está en el aire”, así se lee en el prólogo. Son palabras enredadas en voces. Algunas de las que consiguieron abrirse paso eran, por su obviedad, tan prescindibles como necesarias, tales como “artista” o “kitsch”; otras resultan ser, a primera vista, asombrosas; así: “pelo”. Pero no son pocos los argentinos nacidos a fines de los años cincuenta o comienzos de los sesenta para quienes Pelo significó el nombre de la primera revista de estética leída en su vida, y quizás por eso la desjerarquización sea artículo de fe del proyecto de Diana Aisenberg. Las opiniones vertidas son historias personales, e inevitablemente se confunden con el cuaderno personal, el diario íntimo y el confesionario, aún cuando su registro sea crítico, como un cuadro de época desenfocado adrede. Y aunque la consistencia de la obra parezca fragmentaria, al final termina conformando un todo cubista. La enumeración interminable y el rejunte fantástico comparten espacio con la concisión y el hallazgo definitorio; así también, el humor intencional se codea con la autocrítica involuntaria, y la verborragia inevitable con el monosílabo elocuente. A veces, las palabras acaban en el patíbulo: Museo: “muerte”; Neo: “refrito”. Una sonrisa aflora en la mirada del lector ante tales definiciones compactadas, o bien ante las extendidas. En casi todas, la solemnidad ha sido destituida de un saque en tanto que un vaivén zumbón las expone sexuadas. Y si la mayoría de los diccionarios se presentan a sí mismos con saco y corbata, éste prefiere usar pollerita. No obstante, ninguna de las felices ocurrencias incluidas logra disimular a la violencia silenciosa que es propia de la Historia del Arte.

    Trata de YouTube - Patti Smith - Feedback and Poetry

     

    Cita

    YouTube - Patti Smith - Feedback and Poetry
      

    lugares paisajes referencias locales geograficas

    151966Roza Allan & Joe pics 016

    DSC09104el camino al desierto

    el desiertoDSC09859_1

    la mesquitaEl arte y la historia - El Islam y el arte - El Islam y el arte - Jerusalén - La mezquita Domo de Roca

    IMG_0363la escalerita de la casa nueva

    Sin título-12mar del sur la casa de marina

    jerusalemjerusalen vista de la ciudad vieja

    Sin título-13mar de sur la paya

    Sin título-15abu tor,jerusalen, la casa de ebrahim

    tigre, la casa ocupadaSin título-17 copia

    Imagen 068tigre, el camino

    IMG_0052la casita chiquita, la parrilla que hizo juan, el jardin.

    de como abandone el cetro cultural ricardo rojas

    Buenos Aires, 17 de mayo de 2007

     

     

    Centro Cultural Rector Ricardo Rojas

    Director

    Sr.

    José Miguel Onaindia

    Presente

     

     

    Por medio de la presente queremos ponernos en contacto con Ud. en referencia a la Clínica de Artes Visuales dirigida por Diana Aisenberg junto con el equipo docente integrado por Graciela Hasper, Roberto Amigo, Rafael Cippolini, Gabriela Francone, Juan José Cambre y Xil Buffone, que está programada para el corriente año en el CCRRR que Ud. dirige.

    Nos dirigimos a Ud., con la finalidad de comunicarle nuestro desconcierto ante la falta de información con respecto a la Clínica que debería comenzar el lunes 21 de mayo de 2007.

    Según tenemos entendido, el equipo que se encargaría de la selección y dirección del proyecto en nombre del CCRRR, no será el responsable de llevar a cabo la Clínica antes mencionada.

    Todos nosotros participamos de la convocatoria a esta clínica porque responde a un proyecto general que Aisenberg diseñó en el área con un equipo docente de un excelente y reconocido nivel, marcando una trayectoria de sobrado prestigio para el Área de Artes Visuales del CCRRR.

     Queremos expresar nuestro apoyo a este proyecto, porque conocemos esta trayectoria y nivel mencionados, y porque como artistas contamos con la referencia directa de numerosos colegas que han participado en ediciones anteriores de esta clínica de artes visuales, para quienes este espacio ha sido de gran importancia y utilidad tanto para el desarrollo de su obra como para la generación y solidificación de vínculos que promueven la transmisión y difusión del quehacer artístico local. Por eso creemos que para el Rojas es una pérdida importantísima la figura de Diana Aisenberg y de su equipo docente; su desligamiento de la institución no sólo nos perjudica a nosotros en particular, sino que deja trunco este proyecto que viene sosteniendo hace tiempo con tanta seriedad y que es de gran valor para la transmisión y producción artística en el campo artístico visual y contemporáneo argentino.

     

    Frente a esta incertidumbre, solicitamos tenga a bien informarnos y mantenernos al tanto de esta situación, así como también, garantizar el cumplimiento del compromiso adquirido con nosotros por parte del CCRRR.

     

    Sin ningún otro particular, y agradeciéndole por su tiempo, lo saludamos a usted muy atentamente,

     

    textos de compañía: arco iris blanco de goethe

    arco iris blanco de Goethe

     

    El 25 de julio de 1814, el viejo Goethe (en un mes y días, el 28 agosto, cumpliría 65 años), decide visitar su ciudad natal, Frankfurt, de camino a Wiesbaden, a un centro de reposo, por consejo médico. Apenas inicia el viaje desde Weimar, por Erfurt, hacia la querida región renana que lo vio nacer, entrevé, entre la bruma de la mañana, un arco iris blanco. Henri Lichtenberger, que describe el episodio en el Prefacio a la edición Aubier, bilingüe, del Diván Occidental-Oriental, comenta que, ante la visión de ese extraño fenómeno meteorológico (un arco iris sin bandas de colores), el poeta naturalista sintió que rejuvenecía, interpretándolo como el presagio de una “nueva pubertad” (“eine wiederholte Pubertaet”, según el poeta referiría, años más tarde, en 1828, a Eckermann). Lichtenberger reproduce las palabras de Goethe (en las que no puedo dejar de reconocer, en el desciframiento del enigma natural, de la signatura rerum, el sello fáustico, la sed revificada de vida): “El arco es blanco, sin duda, pero es, no obstante, un arco celestial. Siendo tus cabellos blancos, no obstante, tú amarás.”

              Lo que sucedió después, todas las biografías del poeta, incluso las cronologías más sumarias, lo registran destacándolo: el reencuentro con el banquero Willemer, en Frankfurt, en cuya casa, desde 1800, vivía la joven actriz Marianne Jung, de origen austríaco. El banquero, viudo y con tres hijas que criar, había recibido en su casa a la joven Marianne, que se había presentado como bailarina, con apenas 14 años, en ballets y operetas, con gran éxito de público. Al hacer esto, la había rescatado de los avatares de la “carrera teatral”, para la época, y había obtenido compañía para sus hijas, con quienes se educó, para convertirse  por su gracia y talento en la figura central de la mansión de los Willemer. Cuando Goethe la conoció, Marianne ya tenía 30 años, estaba en la plenitud de su femineidad e inteligencia, y la atracción que entre ambos se estableció, a pesar de la gran diferencia de edad, parece haber sido uno de los motivos que llevaron al banquero Willemer a desposarla, en setiembre del mismo año de 1814, durante una ausencia del poeta, de visita en Heidelberg.

      El banquero Willemer, hombre rico y cultivado, era unos diez años más joven que Goethe, y el episodio de su vida que lo vincula con Marianne guarda una curiosa analogía con el de Mignon, en Wilheim Meister, rescatada por el protagonista de una troupe de artistas ambulantes, y que pasa a dedicar a su salvador un afecto ambiguo, entre filial y amoroso. El hecho es que el matrimonio siguió amigo de Goethe, y fue nuevamente por él visitado en 1815, ocasión en que los lazos de afecto entre la joven Sra. Willemer y el poeta sexagenario se estrecharon aun más, conduciéndolos, sin embargo, a una mutua decisión de sublimación y renuncia. Lo que podría haber sido vida se convirtió en texto. Es el “Buch Suleika” de Diván, donde Goethe aparece en la persona del poeta persa Hafiz, desdoblado en Hatém (“el generoso”), amante de la poetisa (transfiguración de Marianne) Zuleica. Nunca más volvieron a encontrarse personalmente, pero mantuvieron una correspondencia que sólo llegó a su punto final con la muerte del poeta. Tras haber concluido el Segundo Fausto, poco antes de morir, Goethe envió un paquete a Marianne con todas las cartas que de ella había recibido, y le pidió que lo conservara cerrado hasta “el momento no especificado” en que a él, entonces de más de 80 años, le llegase el fin. La fuerza de la ficción textual fue tan grande que la propia Marianne se hizo poeta: algunos de los poemas del “Libro de Zuleica” – hoy lo sabemos – le pertenecen, y enviados a Goethe en la imantación de la “afinidad electiva”, fueron por él retrabajados e integrados al libro.

    La floración del arco iris fue, mallarmeanamente, un libro. La “nueva pubertad” del poeta fáustico se tradujo en una gloriosa actividad. “Cuando trabajaba en el Diván – refiere Henri Lichtenberger – “se sentía tan productivo que era capaz de escribir, a veces, dos o tres poemas en un solo día, y esto sin importar las circunstancias: al aire libre, en su coche, en el hotel, donde la ocasión se presentara.”

      Es que el encuentro decisivo con Marianne (cuya presencia, por otra parte, no se limita al Buch Suleika, sino que se irradia por el Diván como un todo) se corresponde también con otra convergencia: se articula con el descubrimiento del poeta persa Hafiz (ca. 1318-90) por Goethe, en una línea de intereses que ya venía de su juventud, cuando había leído el Corán, y que había sido realimentada por el tratado de F.Schlegel sobre la lengua y la sabiduría de la India (1808). Es el momento goetheano de la Weltliteratur que se anuncia. Es el Oriente que empieza a irrumpir en su Occidente y produce uno de los momentos más altos de toda su larga y fructífera carrera poética (así como, en nuestra época, fue esencial para Ezra Pound y sus Cantos la captación del “método ideográmico” para la traducción de la poesía china; así como el budismo, en especial el tántrico, y la larga permanencia en la India fueron fundamentales para Octavio Paz y le proporcionaron el punto culminante de su poesía, Blanco). El Fenollosa de Goethe fue el orientalista Joseph von Hammer-Purgstall, que publicó, en dos volúmenes (1812-1813), la obra de Shamsu’ ddin Muhammad, apodado Hafiz (o sea, “el conocedor del Corán”). Comenta Lichtenberger: “Los fragmentos de Hafiz que Goethe había leído anteriormente no le habían causado mucha impresión. En la visión de conjunto, la obra lo subyuga. A través de la traducción inexperta y a veces inexacta del orientalista austríaco, Goethe, súbitamente, profetiza los perfumes y los ardores de Oriente y algo como un soplo de eternidad, venido de las planicies y desiertos de Persia. Percibe los acentos de un gran poeta lírico en el que adivina una individualidad emparentada con la suya.”

      Entonces inventa la poesía persa para la lengua alemana como Pound (Eliot dixit) inventó la china para el inglés de nuestro tiempo. Sólo que, al no conocer la lengua original (aunque, con su gusto caligráfico, admirara profundamente la belleza de los caracteres árabes), Goethe no tradujo propiamente los poemas; tradujo una forma mentis, o más bien, una imago. Su operación tiene que ver con la idea de metempsicosis, evocada por Borges a propósito de la traducción de Rubayat, de Omar Khayyam, por Edward Fitzgerald.

      El Goethe de edad provecta se identifica con el viejo Hafiz, “conocedor del Corán” y autor de poemas en que celebra el amor y el vino. Lo describe como “alegre y sabio” (froh und klug), listo para “tomar su tajada en la plenitud de la vida”, capaz de “lanzar, de lejos, una mirada escrutadora sobre los misterios de la Divinidad”, pero “rechazando por igual práctica religiosa y placer sensual…” A partir de esta imagen, lleva adelante su operación transmutadora, en un sentido metamórfico, de transfusión de personas (personae): “El poeta se apropia del espíritu del material extraño de modo productivo; si de modo lúdico se disfraza con ropaje oriental, lo hace para velar lo que es contemporáneo y confesional, removiendo el elemento personal hacia un distanciamiento que lo atenúa y, al mismo tiempo, estimula el interés” (Karl Viëtor, Goethe,The Poet). Es un libro de viajes, una transmigración, una trans-imaginación. Lichtenberger señala este carácter que podríamos llamar “dialógico” en el propio título de la obra, adjetivada como “Occidental-Oriental”. Y agrega: “Es que, absolutamente consciente de las analogías profundas que existen entre él y Hafiz, Goethe permanece él mismo con los ropajes de Oriente, y habla al mismo tiempo como poeta oriental y occidental.”

       Walter Benjamin, en el ejercicio de crítica “paleográfica” (o, como hoy podríamos decir, “deconstructiva”, en la acepción de Derrida), que llevó a cabo en 1920-21, a propósito de Las afinidades electivas, nos da una preciosa “clave alquímica” para comprender el enigma de este Goethe tardío, que muchos tacharon de oscuro y preciosista (Gervinus, el historiador decimonónico de la Literatura Nacional Alemana, por ejemplo, veía en el Diván una obra donde “el quietismo de la vejez” había generado un “lirismo incorpóreo, nebuloso, incomprensible”). Benjamin, iluminadoramente, escribe:

    “Tal vez porque su juventud se había protegido, con demasiada prontitud, de las dificultades de la vida, en el reino de la poesía, la vejez – con terrible ironía punitiva – hizo de la poesía el tirano de su vida. Goethe sometió su propia vida a las prescripciones que hacían de ella un motivo para su obra literaria. Es esto lo que viene al caso, desde el punto de vista moral, en su contemplación de los contenidos reales en la vejez tardía. Los tres grandes documentos de esta velada penitencia reparatoria son: Poesía y Verdad, El Diván Occidental-Oriental y la “Segunda Parte” del Fausto. En esta sumisión de su vida a estas leyes – o sea, en la “profunda penetración en la esencia de la poesía”, Goethe se encontró, ya anciano, con los primeros románticos alemanes. Sólo que, a diferencia de ellos (y en esto igual que Hoelderlin), Goethe no resolvió el enfrentamiento vía una conversión. En cambio, su sometimiento a estas exigencias encendió en Goethe la más alta llama de toda su vida. En ella se quemaron las escorias de toda pasión, y así puede él, en su intercambio de cartas, hasta el fin de sus días, mantener el amor de Marianne tan dolorosamente próximo que, transcurrida más de una década del momento en que se originó ese sentimiento, escribió la que tal vez es la lírica más vigorosa del Diván (“Sobre hojas de seda, ya no/ Escribir rimas simétricas…”. Y el último fenómeno de una vida capaz de someterse a la dominación de la poesía, y, más que eso, al final, medir con ella su propia duración en tanto vida, se encuentra en la conclusión del Fausto.  

      Con la promesa de nueva juventud del arco iris blanco, entrevisto una mañana neblinosa del verano de 1814, se reveló un efecto de realización .Con su blanca irradiación, la vida se asumió en texto, se volvió figura de palabras, sació, con el don abundante del poema, la “hiancia” de la página vacía (ese “horror de la página en blanco” que atormentaría, en las últimas décadas del mismo siglo, a otro fáustico, Mallarmé). Ese efecto de revificación textual se llamó Zuleica en Diván. Gracias a ocasiones como ésta, depuradas por el fuego abrasador de la poesía, Goethe pudo completar su hipótesis de inmortalidad: mantener, hasta el fin, activa, la entelequia (la fuerza que nos conduce al telos, a la completud); compeler, panteístico-dialécticamente, a la naturaleza atribuyéndole otro modo de existencia, capaz de acoger la poiésis como hacer incesante, ya que “la naturaleza no puede prescindir de la entelequia”, ese “fragmento de eternidad”. No tiene sentido, por lo tanto, hablar del sesquicentenario de la muerte de Goethe. Hay que pensar en los 150 años de su vida posterior. Y el mejor modo de responder a este “sobredurar” (Fortdauer), en el cual el viejo Goethe, pensador de la morfología y de la metamorfosis de las ciencias de la naturaleza, ponía su más decidida convicción, está en la operación traductora, en lo que yo prefiero llamar transcreación, ya que ésta, en la teoría benjaminiana del traducir como forma, responde no a la vida del original, sino a su “sobrevida” (Ueberleben, Ueberdauern), al “estadio de su pervivir” (Fortleben).

      Oigamos, pues, cómo suena, renovada en nuestra lengua, “esa canción de amor que siempre recomienza”, el canto-llamado de Hatém a Zuleica, que ya promete desprenderse de lo provisorio de su “hoja de seda” (página blanca) y de sus líneas “simétricas”, para disolverse en lo “movilizado”, y sólo entonces, hechizado, perenne, irradiarse “hasta el centro de la tierra”.                    

     

    Sobre hojas de seda, ya no

    Escribir rimas simétricas.

    Ya no encuadrarlas

    En arabescos de oro.

    En el polvo, en lo movilizado, inscribirlas:

    El viento las disipa, pero su fuerza se irradia

    Hasta el centro de la tierra

    Hechizada en el suelo.

    Y viene el Errante,

    El que Ama. Es llegar a este

    Sitio, y todo su cuerpo

    Se estremece.             

    “¡Aquí, antes que yo, otro amó!”

    ¿Medschnun, el delicado? ¿Ferhad,

    el fuerte? ¿Dschemil, el eterno?

    ¿Otro entre miles?

    ¿Uno más, feliz-infeliz?

    El amó. Yo amo como él

    Y lo adivino

    Pero tú, Zuleica, tú te reclinas

    sobre el dócil almohadón

    que para ti dispuse y adorné.

    Y despiertas, tu cuerpo se estremece:

    “¡Es Hatém, quien me llama!” Y yo también,

    Yo llamo, te llamo: ¡Hatém, Hatém!

    ¡

     

    federico manuel

     

     

    Pinté sin saber pintar, escribí sin saber escribir,

    canté sin saber cantar. La torpeza repetida se

    transforma en mi estilo.

    FMPR

     

    “No quiero ir a la luna,

    a mí me gusta acá, a mí me gusta acá, a mi me gusta acá.

    Quiero caminar por las calles de Buenos Aires,

    a mí me gusta acá, a mí me gusta acá, a mí me gusta acá.

    Me quiero sacar una foto en la plaza San Martín,

    a mí me gusta acá.

    Quiero ser amigo del obelisco,

    a mí me gusta acá.

    Me encanta el atardecer en el campo argentino,

    a mí me gusta acá, a mí me gusta acá, a mí me gusta acá.”

    ,,,,,,

    “Creo en un mundo invisible

    más allá del plano físico

    más allá de los lejos, y de los cerca

    donde se mezclan los caminos de las cosas

    Un mundo amigo

    Para ustedes

    donde los caballos nunca se cansan

    donde está treff

    Era amigo del patrón

    un tal Peralta

    se detuvo al peligroso

    yo coloso”.

    “Yo soy una estrella porque salgo de noche”

    FMPR

    .

    TEXTO DE compañía: Thierry Iplicjian Hacia la construcción del otro

    Ponencia para el "1er. Seminario Taller sobre Educación

    en Derechos Humanos" organizado por Amnesty

    International, Sección Argentina, y el Instituto Interamericano de Derechos Humanos realizado en Buenos Aires el 19 y 20 de Abril de 1997. El texto esta tomado de la conferencia oral sin correcciones posteriores.

    HACIA LA CONSTRUCCION DEL OTRO

    Se me ha convocado aquí para hablar acerca de la situación de los Derechos Humanos en Aca. Latina. No es que pretenda cambiar el tema de la propuesta, pero al momento de pensar como abordar esta propuesta, se me presentaron una serie de interrogantes acerca de como responder esta demanda, y el resultado de esa reflexión es el recorrido que paso a presentarles.

    En efecto, una salida cómoda y elegante, pero también de circunstancia, hubiese consistido en "desayunarlos" con el largo rosario de los horrores que diariamente vive nuestra región. En A.I. tenemos un material abundante acerca de estos crímenes. Y no es que descrea del valor que tiene el denunciar estas situaciones, todo lo contrario, como miembro de Amnesty formo parte de esta conspiración de la esperanza constituida por las millones de voces que, alrededor del mundo, funcionan como el eco distante pero valioso de los gritos de aquellos que no tienen el derecho a la palabra: de los torturados, los desaparecidos, de los muertos. Ese murmullo indecente, que viene a arruinar la sinfonía del libre mercado, salido del fondo de las prisiones donde se pudren los Presos Políticos, de las calles donde sobreviven los niños de la miseria, la explotación y la ignorancia. Porque este es el material con el que deberemos trabajar cuando hablamos de DD.HH. y la razón por la que innumerables veces hemos salido a la calle a gritar nuestra bronca. Queremos que el mundo sepa, que los sordos escuchen y que los ciegos vean. Nos enorgullecemos de ser los grandes aguafiestas de la indiferencia cómplice, y nuestra tarea como militantes pasa muchas veces por shoquear al auditorio. Pero hay un lugar y un momento para todo. Yo no quiero shoquearlos, Ustedes ya están aquí... han decidido "perder", o si prefieren, "invertir" - suena más simpático - parte de su tiempo en asistir a un Seminario sobre Derechos Humanos que, a valores de mercado, convengámoslo, no tiene una cotización muy elevada. En otras palabras, mientras lo que prima en nuestras sociedades es la ética mercantilista, esto es: la resolución de los conflictos, en base a un cálculo costo/beneficio que atribuye un valor de mercado tanto a los objetos, como a las acciones. (Y que este valor sea imaginario, que "flote" en el vacío, en lo que podríamos llamar, utilizando la terminología de Baudrillart, un limbo transeconómico, es harina de otro costal).

    Porque la pregunta que me interesa plantear es, en definitiva, que cuernos hacen Ustedes aquí? Porque a valores del mercado Ustedes no van a ganar nada, es más quizás incluso pierdan... Pero yo no puedo creer que Ustedes estén aquí para perder algo, es mas creo que han venido con la esperanza de apropiarse de algo. Solo que ese "algo", debe pensarse desde una ética bien distinta, la que llamaremos la ética de lo simbólico y que parece mas adecuada para pensar el problema de los Derechos Humanos.

    En dos palabras, nosotros no necesitamos ser shoqueados porque nosotros ya estamos shoqueados, y por eso estamos aquí. Y el resultado de ese shock es que hemos sido capaces de reconocer al otro, fundamentalmente a la víctima. Es más, lo que intento plantear es que lo que sucede en la relación entre víctima y victimario en las violaciones a los DD.HH. debe ser pensado como una ruptura del lazo de identificación con el otro. Y que paralelamente, lo que entiendo como Educación en Derechos Humanos, o incluso como educación a secas, es la construcción y mantenimiento de ese lazo y que por ende concibo: A la educación: como un movimiento subjetivo, que puede ser pensado como el proceso de descubrimiento y apropiación de la relación con los objetos. Y tomo como objeto por excelencia, al otro.

    A los DD.HH.: como esa parte de la ética que, mas allá de los vaivenes jurídicos, políticos, sociales y culturales, apunta a plantear un horizonte de resolución a las relaciones, siempre conflictivas, que se establecen entre los sujetos.

    Pero ya hablaremos de esto más adelante, por ahora, volvamos a nuestro tema: la situación de los Derechos Humanos en América Latina. Les dije que no buscaba golpes de efecto para presentar este tema. Pero no sólo porque crea que Ustedes ya son conscientes de los efectos que producen las violaciones a estos Derechos, o que vivan condicionados en estas sociedades donde cruzar un puente en el mal momento, en un mal tiempo, nos cuesta la vida, como a Teresa Rodríguez, 25 años, 3 hijos, empleada domestica en Cutral Co.

    Creo sinceramente que si nos hemos reunido aquí en un seminario, lo hemos hecho para tratar de pensar estas situaciones. Y el problema radica en que existe una paradoja insalvable al momento de pensar acerca de las violaciones a los Derechos Humanos en nuestro continente: es el peso de las terribles imágenes que acompañan lo que no dudaría en calificar de genocidio - esto es, el balance de las violaciones a los Derechos Humanos de los, para elegir un lapso de tiempo relativamente corto, últimos 20 años -. A esta suma de horrores, que en cierto sentido nos pertenece pero que seguramente nos condiciona, un psicoanalista Uruguayo, Marcelo Viñar, le ha dado el nombre de "Patrimonio mortífero". El se pregunta, y yo traigo aquí esta interrogación, qué podemos hacer? qué debemos hacer? con este patrimonio mortífero. No podemos ignorarlo, huelgan aquí las razones por las cuales es suicida la política del olvido. Solo digamos al pasar, que no es posible olvidar que lo que sangra, son las heridas abiertas en el cuerpo social mismo de nuestra América. Y si no queremos desangrarnos, deberemos cuidar esta herida, en lugar de querer ignorarla. De lo que tendremos entonces que debatir, es acerca de las estrategias de la terapéutica. Y si de estrategia se trata, debemos tratar de definir el campo sobre el cuál aplicarla. Es decir, nuestro universo. Para ello, voy a jugar un poco al Grondona, y pedir ayuda a los Griegos clásicos del siglo de oro de Pericles. Es claro que en 24 siglos nuestra concepción del Universo se ha modificado un poco, pero no deja de ser sorprendente que después de tanto tiempo aún nos encontremos discutiendo los mismos temas que esos ancestros lejanos debatieron en su ágora. De hecho, es casi imposible hallar un tema en filosofía sobre el cual los griegos antiguos no hubiesen emitido una opinión. La raíz de sus debates parece tener siempre la misma actualidad, y esta no es una excepción. 24 siglos después estamos aquí reunidos preguntándonos acerca de como deberían darse las relaciones entre las personas y el campo de lo social. Es decir, estamos haciendo lo que Platón en la República entiende por política. Platón entiende por política el campo de tensión que se crea en la articulación de lo que el llama las pasiones de la Psique y las pasiones de la Polis, es decir del Alma y la Ciudad, o lo que nosotros entenderíamos como el lugar en que se encuentran la subjetividad con el campo de lo social. Es de la regulaciones de este choque que hablamos, cuando hablamos de Derechos Humanos. Postulo entonces, que solo es posible abordar la dimensión de los derechos humanos si logramos abarcar las complejas relaciones que se establecen entre sujeto y poder. Por eso es que a lo largo de esta exposición voy a tratar de navegar entre esos dos polos que se retroalimentan constantemente. En dos palabras, voy a hablarles de un sistema. Para ello quisiera recordarles tres leyes de los sistemas:

    1- Todos los sistemas tienden al equilibrio, cualquiera sea este. (Ley de entropía)

    2- Al interior de todo sistema, la posición de los elementos que lo componen, esta determinado por las relaciones que se establecen entre los mismos.

    3- Todo sistema posee un nivel de elasticidad determinado, superado el mismo, la modificación de las partes modifica el todo.

    Bien, con esto en mente volvamos al problema del patrimonio mortífero. Porque es aquí donde se despliega la paradoja: nuestro patrimonio mortífero nos habla, valga la redundancia, de muerte, de sufrimientos y desgarramientos que superan la capacidad del lenguaje de soportar estos relatos. Quienes trabajamos como terapeutas con las víctimas, hemos aprendido a respetar esos silencios donde no hay nada que decir. Qué más puede decir esa madre sobre la desaparición de su hijo? Hasta donde es posible poner en palabras la experiencia de la tortura? Pero es a esos límites, a esas fronteras en que se acaba el lenguaje, es hacia allí donde se nos convoca. Mas allá, todos presentimos la presencia de la Nada, la inminencia del terror. Y el terror puede servir para muchas cosas, pero seguramente no sirve para pensar.

    Una salida, en realidad una falacia, consiste en lo que yo llamaría la presentación mediática del patrimonio mortífero: es la invitación a visitar el museo del horror. Allí tienen a esas compasivas y buenas personas, llenas de buenas intenciones y lagrimas en los ojos, que miran alucinadas detrás de sus televisores las últimas imágenes de CNN acerca de la masacre del día. Por suerte la infinita compasión de los noticieros pasa sin transición a la receta del pollo a la kiev. Y en fin... como Ustedes saben, estas imágenes no tienen nada que ver conmigo.

    Suceden en un tiempo y en un lugar que me son totalmente totalmente ajenos, aunque esto ocurra en la otra cuadra. Me gusta llamar a esta categoría de personas: los turistas.

    Los turistas, Ustedes los conocen, son esos simpáticos personajes que deambulan por ahí vestidos con un poncho fucsia fosforescente, cámara de video ad hoc y mirada extrañada. No es que no registren lo que sucede a su alrededor, sino que simplemente no poseen los códigos necesarios para descifrar la situación en la que están inmersos. Nuestro continente esta plagado de turistas, incluso algunos nunca salieron de su casa.

    Qué hace el turista con el patrimonio mortífero? Lo consume como un thriller más en el supermercado de las sensaciones. Al fin y al cabo, eso es lo que el turista sale a buscar: sensaciones. Al regresar a casa le cuenta a quien quiera oírlo lo mal que viven los demás, lo raro de sus costumbres, lo mucho que extrañó la comida, etc. Es decir que el turista no ignora la existencia del otro. Simplemente es incapaz de abolir la distancia que lo separa del otro.

    Frente a las violaciones a los Derechos Humanos el turista adopta una posición voyeurista. Ellos no sabían, los turistas se enteran por los medios. En esta categoría se inscribe la "Historia Oficial". Aquí se anotan los políticos de lágrima de cocodrilo, las invocaciones al olvido y al perdón, a la unidad nacional o la razón de estado. Es decir, esto pasa, pero le pasa al otro. Y que interesante es esto de perdonar en nombre del otro. Reconciliación mis amigos, reconciliación si... porqué no? Y aunque personalmente no tengo ningún interés en reconciliarme con los torturadores, me pregunto si este proyecto no sería un poco mas viable, de mediar ese vapuleado concepto llamado Justicia. Ya volveremos aquí también sobre el tema.

    Otro de los destinos posibles del patrimonio mortífero, es enfrentarlo a los pares de oposición que Aristóteles planteaba en su "Política". Es decir, a las categorías del Idiota y del Ciudadano. Si, del Idiota, ya que la palabra Idiota se deriva del griego Idion, y siguiendo a Aristóteles el Idion es aquella figura opuesta a la del Politicós, la del Ciudadano. Aristóteles nos dice que el Idión es aquel que no se involucra con los asuntos de la Polis, el campo de lo social diríamos nosotros; aquel a quién los asuntos de sus conciudadanos no lo afectan y vive en la indiferencia. Bueno mis amigos, como Ustedes saben, el mundo esta lleno de Idiotas. Los hay de todo tamaño, color, ideología, condición social y opción sexual. Einstein decía al respecto que la estupidez humana es una constante Universal, pero que el problema radica en el crecimiento de la población. Será nuestra tasa de crecimiento poblacional la que ha producido a tantos indiferentes en este continente?

    El problema del Idiota radica entonces en su absoluta ruptura del lazo con el otro. Para él, el otro es una cosa, un objeto que en el mejor de los casos le es ajeno, y que en el peor es capaz de destruir sin por ello inmutarse en lo mas mínimo. Aristóteles, hace 24 siglos, ya había comprendido el peligro que entraña la posición del Idiota. La ruptura del lazo social ataca el centro mismo de lo que se puede llamar, sin abusar del termino, lo Humano.

    En efecto, si lo humano se constituye a partir de la aparición de dos fenómenos: el lenguaje y los rituales funerarios. Bueno, al menos esto es lo que piensa la antropología estructuralista, empezando por Lévi-Strauss al ubicar en esa frontera, quizás arbitrariamente, lo que hemos de considerar cultura (y ya sabemos que lo humano es el pasaje de la naturaleza a la cultura). Sin lenguaje no hay pensamiento, sin pensamiento no hay cultura. Y la primera manifestación de la cultura son los rituales funerarios. Y los rituales funerarios son la marca innegable de la autoconciencia, porque reconozco la finitud de la vida propia, a partir de reconocer la existencia del otro como un semejante. Es la famosa frase de Borges: la muerte es un hecho estadístico, nadie puede aseverar que no sea el primer inmortal. Es decir, la experiencia de la muerte es siempre la experiencia del otro. Porque yo nunca morí. Es algo de lo que no puedo hablar, pero es también la prueba de la existencia de relaciones sociales en una cultura primitiva. Y estas relaciones sociales implican, no importa que tan simples sean,que estoy incluido en un orden donde yo soy, en relación al otro. Sin un otro que me nombre, yo no soy. De modo que la percepción del otro, es un problema capital en la forma en que se dan las relaciones sociales.

    Y de la misma manera que la células protozoarias se agruparon para formar organismos complejos vivos, en pos de su supervivencia y adaptación al entorno. Las culturas son el resultante de un negocio entre individuo y grupo, es decir, si quieren Ustedes, con los otros. Así, el sujeto acepta perder algo de su autonomía a cambio de protección por parte del grupo. Acepta por ejemplo, determinadas reglas de convivencia para poder soportar al otro y ser soportado por el otro, un pacto social como lo llamaba el viejo Rousseau. Así, cuando nos pisan los callos en el colectivo, en lugar de romperle la cara al agresor, que es lo que se merece, respondemos con una sonrisa exculpatoria, murmuramos un "por favor, no es nada" ritual, mientras especulamos sobre la profesión de su madre. A este proceso se lo conoce con el pomposo nombre de sublimación de las pulsiones. Pero a cambio de sublimar nuestras pulsiones, a cambio de renunciar a nuestra agresividad. y conformarnos con la especulación acerca de la profesión de la madre de nuestro agresor, pretendemos recibir protección y amparo por parte del grupo. Y esta protección y este amparo implican forzosamente la emergencia de la Justicia, es decir reclamamos que una instancia superior nos considere en un plano de igualdad con los otros. A esta operación por la cual renuncio a parte de mis satisfacciones pulsionales a cambio de recibir un lugar en el orden del lenguaje, la psicoanalista francesa Pierra Aulagnier la llama Pacto Narcisista. Y, esta operación, el Pacto narcisista es la base de lo que entendemos por "campo de lo social", es lo que relaciona al sujeto con el grupo y viceversa.

    Es claro entonces, lo que con otras palabras, nos advierte Aristóteles: los Idiotas constituyen una amenaza al funcionamiento del pacto narcisista, que es, lo hemos visto, lo que funda este lazo social destinado a proteger al sujeto, y por ende a mejorar su calidad de vida, cuando no a asegurar su mera supervivencia. Pero es igualmente cierto que en la posición del Idiota, la desaparición, o mejor dicho la degradación del reconocimiento del otro, genera violencia a dos puntas: por un lado, lo hemos visto, rompe con el mecanismo de la sublimación, haciendo emerger en aquél que no es reconocido como sujeto, es decir como otro, estas pulsiones agresivas y descontroladas, dirigidas hacia el primero que se le cruce en el camino. Es aquel que efectivamente le rompe la cara al pisador de callos.

    La crónica de la violencia cotidiana nos habla constantemente, en general por boca de los turistas, de esas escenas de extrema violencia que, oh casualidad, ocurren preferentemente en ámbitos de extrema miseria. Es decir, allí donde se amontonan los excluidos del pacto narcisista, social, o como quieran llamarlo. Allí donde intentan sobrevivir los pobres de toda miseria, allí donde están los marginales involuntarios. Es decir, en aquellos sectores donde se pretende que el sujeto sublime sin recibir nada a cambio por parte del grupo.

    - por otro lado, la violencia del Idiota encerrado en su fortaleza narcisista presenta el peligro de su propia autoexclusión del comercio simbólico entre los sujetos. Al iniciar mi exposición hice referencia a la ética mercantilista, les decía que, como toda ética, se plantea ofrecer un mecanismo de resolución de conflictos. Partiendo de la base que la vida es un conflicto permanente por la supervivencia, y que hemos visto que este conflicto se internaliza en el circuito social - ahora el hombre es el lobo del hombre - .

    - La ética, y esto es lo que la distingue de la moral, postula la aplicación de una teoría general, a situaciones particulares. Es decir busca encontrar una coherencia entre cierta concepción de la realidad, cierta postulación de la verdad, y la respuesta que debería dar un individuo frente a una situación determinada.

    La moral en cambio, postula una cierta cantidad de verdades, y requiere que el sujeto se adecue a estas en toda circunstancia, en todo tiempo y en todo lugar.

    A titulo de ejemplo podríamos decir que los 10 mandamientos dicen claramente no mataras. Poco importa si aquel al que vas a matar es un sujeto armado hasta los dientes que se encuentra descuartizando a tu pequeña e inocente hija de 6 meses. No mataras, punto y se acabo.

    La ética, en cambio, encontraría en el mismo ejemplo algunos puntos de discusión, por los cuales el haberle partido el cráneo al agresor con un mazo no constituye forzosamente, una falla ética. La ética es una práctica situacional, es decir que lo relevante no tiene tanto que ver con los resultados de un acto, sino con los valores puestos en juego en ese acto. Siguiendo con los ejemplos absurdos, si al llegar esta mañana nos hubiéramos encontrado aquí con dos cadáveres con un tajo en el pecho, heridas de cuyas consecuencias hubiesen fallecido estas personas, no hubiésemos considerado de igual modo los dos casos, es decir, no hubiésemos considerado que hay falla ética en ambos, de haber sabido que uno murió a manos de Jack el Destripador y el otro en una operación de transplante de corazón. Definitivamente, Jack el Destripador y el Dr. Favaloro no pueden ser juzgados con la misma vara. Entonces lo relevante aquí son los valores puestos en juego en relación a este acto.

    Después de esta pequeña disgresión, volvamos a nuestro Idiota narcisista y su ética mercantilista. Qué clase de valores sostiene? Los del mercado claro, es decir un sistema en el cual las cosas, los objetos, tienen un lugar determinado en una escala de valores construida en base a su utilidad. Así, por ejemplo, un equipo estéreo con compact Disc, que me proporciona el inmenso placer de escuchar una música maravillosa, de una calidad celestial, mientras paseo confortablemente sentado por la gran ciudad, vale mucho mas que la vida del sucio ratero que me lo robó. En efecto, esa sucia lacra social, que no trabaja porque no quiere, en este maravilloso país lleno de oportunidades para todos los hombres y mujeres de buena voluntad, para prueba de ello véanme a mi, el ingeniero Santos, o a mi abuelito el inmigrante que vino con una mano atrás y otra adelante. Si, esa sucia lacra social no vale nada, mi estéreo vale 200 Dólares. Eliminemos la lacra, y protejamos a todos los inocentes estéreos de este mundo. Este razonamiento es impecable, este razonamiento es totalmente falaz, porque está basado en los intereses de un sujeto que se toma como centro del universo sin reparar en que para poseer su preciado estéreo, es mas, para ser sujeto del lenguaje, sujeto pensante y disfrutar de la música, depende del otro, depende de que el otro lo reconozca. Y por ello tiene una deuda con el otro. En dos palabras, depende de esa categoría que acaba de asesinar. Mal negocio, mi amigo.Tomemos otro ejemplo absurdo de como se aplica la ética mercantilista, pero esta vez, tomémoslo de la realidad. Ya nos advirtió García Marquez que la realidad siempre supera la ficción, así que agárrense. En este, nuestro querido país existe una institución que, personalmente, nunca deja de sorprenderme: es la Honorable Cámara de Diputados. Hace unos años, mas exactamente en 1986, nuestra joven democracia salía a duras penas de la dictadura militar. Seineldin, Rico, Videla y asociados nos querían convencer que los desaparecidos tomaban sol en Marbella o esquiaban en las laderas de los montes Urales, en la demoniaca Unión Soviética. Para hacer mas contundente su punto de vista decidieron rebelarse y vinieron los famosos levantamientos. Un levantamiento, Ustedes lo saben, es una huelga al revés. Es decir, en lugar de cesar sus actividades, cosa que eventualmente nos hubiese encantado a varios, un levantamiento es un aumento de actividad. Básicamente estos buenos muchacho planteaban lo siguiente: eso que hicimos, no lo hicimos, pero si lo hicimos es que teníamos que hacerlo, que otra cosa podíamos hacer?. Y si no te gusta, te coso a tiros y felices pascuas.

    Poco tiempo después, nuestros amados legisladores parieron una obra maestra del terror. La famosa Ley de Obediencia Debida. Y que decía la misma? Decía que: si yo soy un subordinado que ha cometido crímenes de lesa humanidad, es decir pavadas como el secuestro, la tortura y posterior asesinato de miles de ciudadanos indefensos, no debo reponder ante la justicia porque me encontraba encerrado en una situación sin salida. Puesto que de no obedecer me castigarían. Esto es, que yo, soy un Idiota, porque para poder cometer estos horrendos crímenes debo desconocer la existencia del otro. Nadie tortura a su igual, nadie arroja a su igual por la puerta de los aviones. En la tortura, se pone en juego precisamente un mecanismo de desconstrucción del otro. Se trata de vaciarlo de su humanidad, de considerarlo una cosa, un número. Los Nazis, que fueron especialistas en la materia y llevaron el genocidio a la escala industrial lo sabían. Bruno Betelheim, psicoanalista judío alemán, sobrevivió a uno de sus campos y escribió un libro desgarrador en el que relata sus observaciones acerca de la vida en el campo de concentración. Este libro se llama "Sobrevivir" y describe la maquinaria de aniquilamiento en pleno funcionamiento. Un pasaje del mismo me llamó poderosamente la atención: relata el combate de las mujeres por conservar su cabellera. Pero por que alguien en un campo de concentración con su vida pendiendo del humor de su carcelario se preocuparía por su cabellera? Porque precisamente ese pelo simbolizaba la fina línea de resistencia que aún las mantenía unidas a un rasgo de humanidad. El pelo largo, distintivo de ser mujer, de pertenecer a la especie, de resistirse desesperadamente a ser un número, una cosa, un fantasma. Miren esas fotos, esos documentales que nos muestran a las víctimas. Esos cuerpos son los cuerpos de algo que yo no puedo ser, eso allí no es mi igual... es una cosa. Miren esos ojos que se aferran a la vida, son los mismos ojos aterrorizados que los niños del África que agonizan en otros campos, en otros tiempos. En esas miradas que cruzan el tiempo como una flecha está dicho lo que no puede decirse, lo que solo puede presentirse, y que no tiene nada que ver conmigo. Bruno Betelheim, el autor de "Sobrevivir", el que escapó a la cámara de gas, se suicidó 40 años mas tarde colocándose una bolsa de plástico en la cabeza. Murió por asfixia. Y si estamos vivos después de sobrevivir al gran campo de la dictadura, en cierto sentido se puede decir que todos somos sobrevivientes, cuantos Betelheim de entre nosotros se han asfixiado ya? Cuantos mas lo harán en el futuro?

    Pero volvamos a nuestra ley de Obediencia Debida y a nuestros genocidas caseros. No contentos con incluirlos solamente en la categoría de Idiotas, nuestros legisladores fueron mas lejos: también los incluyeron en la categoría de Imbéciles. En efecto, se habla de imbecilidad en relación a la disminución de las facultades mentales al punto de suspender la capacidad de distinguir, entre el bien y el mal. Nuestro código penal y civil son muy claros al respecto en lo que concierne a los adultos: a menos que medie una oligofrenia, una psicosis o alguna patología psíquica y/o física que afecte la salud mental del interesado; se presupone que el adulto es capaz de distinguir entre lo que la moral promedio entiende por bien y por mal. Claro que, para los exquisitos, siempre se puede recurrir a la figura de "emoción violenta" que dice algo así como: si yo calentarum, tu corto vivirum. Pero yo no creer que ellos estar calientes 8 años seguidos. Si estarlo, responder ante justicia o ante psiquiatra.

    Creen que esto termina aquí? Por favor, no subestimen a nuestros legisladores, ahora viene lo mejor. Para hacerla completa, los muchachos incluyeron un artículo muy revelador de lo que postulo como ética mercantilista. Este artículo, dice que no se extinguirán las causas si mediara el robo de propiedades o de niños, que en el razonamiento del legislador se asemejan a propiedades, y coincido con ello, ya que los mas de 400 chicos desaparecidos, es decir robados en nuestro país, fueron tratados como tales.

    Resumiendo: la ley de Obediencia Debida dice que si Usted es un oficial de baja graduación, suboficial o soldado, en el Ejercito Argentino, además de ser un Idiota, Usted es un Imbécil. Pero no se preocupe, si llega a coronel, dejará de ser lo segundo. Ah, pero si Usted es civil, quédese tranquilo mi amigo, sepa que en caso de conmoción interna su heladera lo sobrevivirá. Porque nosotros los legisladores y el poder ejecutivo consideramos que es dable concebir la desaparición, tortura seguida de muerte de 30.000 personas, y leyes de obediencia debida, punto final e indultos mediante no pasa nada, nadie va preso. Pero de ninguna manera dejaremos sin protección su heladera, su televisor o su colección de figuritas, para eso esta la larga mano de la Justicia. Ergo, yo valgo menos que mi heladera. Mensaje terrorífico. En este punto quizás a algunos de Ustedes les asalte una duda: y si no tengo heladera? Bueno, si no tienen heladera ya hemos visto que son una lacra social, y por lo tanto no existen, así que tranqui: esta ley no es para Ustedes. En fin, si no fuera que esta involucrado el peor genocidio del siglo en nuestro país, yo diría que este es uno de los mejores chistes de la década: porque una vez que esto fue publicado en el boletín oficial, se convirtió en ley de la Nación que los militares son Idiotas e Imbéciles y que nosotros valemos menos que una heladera. Y si bien yo no soy precisamente militarista, créanme, soy sincero, nunca pensé eso del Ejercito Argentino ni de sus integrantes.

    Para concluir este punto, me parece que algo de esto es lo que percibió el Capitán Scilingo, responsable de haber arrojado a al menos 40 personas desde un avión, cuando insistía en obtener respuestas de sus superiores. Su planteo sigue mas o menos el mismo derrotero que el nuestro, claro que aquí se acaban las semejanzas: el dice que no entiende el indulto o las leyes de exculpación, porque si lo que hizo está mal, entonces quiere ser juzgado como responsable de esos actos, es decir no quiere que se lo trate como a un imbécil. En cuanto a la lectura de su relato a Verbitsky, en el libro "El Vuelo", algunos detalles son reveladores: en ningún momento puede referirse a sus víctimas mas que como "subversivos", "el enemigo" o metáforas en esa línea. Aquí tienen al Idiota en acción, a esto me refiero con desconstrucción del otro. Porque una vez mas, nunca se destroza al igual, siempre se destruye al "enemigo", al subversivo, al judío de mierda, al negro inferior, al coreano estúpido o simplemente al que no piensa como yo, es decir a la cosa. Pero algo falló en Scilingo que no lo hace el perfecto Idiota, a diferencia de Astiz por ejemplo. En un punto del relato el recuerda que en un vuelo una de las víctimas trato de llevarse al victimario con él a la muerte. En ese gesto desesperado, Scilingo logra una chispa de identificación con el otro, en sus sueños, mejor dicho, en sus pesadillas, el que cae es él. Es decir, él es el otro. Es allí donde algunas briznas de la inmensidad de su crimen recobran cierta densidad. Por mas que trate de asfixiar estas imágenes entre pastillas y alcohol, las imágenes vuelven una y otra vez. Aquí tienen el revés de la moneda en materia de exculpación: por mas que Scilingo trate de confrontar su acto, y toda ética implica este movimiento, Scilingo está destinado a caer una y otra vez, una y otra vez. Esta impedido de realizar este movimiento por las mismas leyes que le aseguran impunidad.

    Y una última para mi molino, Scilingo nunca fue juzgado o preso por sus crímenes. Scilingo fue a parar a la cárcel por haber librado un cheque sin fondos a un videoclub por un valor que rondaba los 100 pesos. Vaya, valemos menos que un video.

    En el otro extremo del arco encontramos a las víctimas del Idiota. Porque en sus dos modalidades, el Idiota pasivo, al que no le importa nada, y el Idiota activo, el que destruye, generan víctimas y victimizan. El ejemplo perfecto para explicar este movimiento lo constituye la Desaparición Forzada de Personas. La desaparición es la mas cruel técnica de terrorismo de estado que haya sido aplicada en Aca. Lat. Porque no solo ataca a la víctima en sí, o a su núcleo primario, sino que busca afectar al conjunto de la población... y lo logra. Veamos, que es un desaparecido?, en principio es una persona sobre la cual el estado dice, después de llevárselo, desconocer su paradero cuando no su misma existencia. Nadie se los llevó, nadie los mató, pero vivos no están. En dos palabras Juan Pérez se esfumó. Sólo es posible tener la pretensión de hacer creer semejante locura cuando se está instalado en la posición del Idiota. Es decir, cuando se cree con fe de carbonero que el otro no existe, y por lo tanto se intentará hacer creer a la gente que efectivamente esto es así. El genocida Ibérico Saint Jean lo dijo muy claramente en 1979: "primero vamos aniquilar a los subversivos, después a los que simpatizan con ellos y finalmente a los tibios", es decir, a todos los que son distintos a mí... mejor dicho a él. Ejemplo de Idiota activo.

    Qué pasa cuando una persona desaparece, en su núcleo primario? Primero aparece el terror, es decir la inminencia de la catástrofe, se intenta que los afectados no hablen es, tal como lo señala la Dra. Diana Kordon, la inducción al silencio, el famoso "El silencio es salud". Pues no, el silencio es enfermedad. Si los afectados no pueden hablar de lo que les está pasando, quedan a un paso de la locura. Porque la fantasía que aparece es que esto solo les está pasando a ellos, es decir, por su culpa, es el paso de la Culpabilización de la víctima. Pero y con quién podrían hablar? Cuando surge un conflicto entre partes en tiempos normales, la vía de resolución del mismo, si las partes no pueden ponerse de acuerdo, pasa por recurrir a lo que Fernando Ulloa llama "El Tercero de Apelación". Esto es, se va directamente a la Justicia, a la autoridad o a uno de sus subrogados. Pero bajo el terrorismo de estado y sus prácticas esto es como ir a apelar al verdugo.

    Por otra parte, es imposible hablar con el Idiota, ya que él se mira el ombligo y no podrá hacer funcionar los mecanismos de contención social necesarios. En cuanto al Turista, bueno el turista simplemente no entiende nada. Así que sólo nos queda recurrir a la tercera categoría que les anuncié, la segunda de Aristóteles, el Ciudadano. El ciudadano es el único capaz de generar una corriente de empatía en la que se reconoce en el otro. Es el que es capaz de abolir la distancia con el otro. Así se formaron nuestros organismos de Derechos Humanos, porque el trabajo en DD.HH. es un asunto de ciudadanos. Todos conocemos la historia de las Madres de Plaza de Mayo, de como se fueron encontrando en el camino de la búsqueda y construyeron ese colectivo de contención y lucha que es su organización. Lo mismo Familiares, Abuelas y, sorprendentemente, lo mismo pasó 17 años mas tarde con HIJOS. Ellos no dicen solamente estoy buscando a mi hijo, mi nieto o mi padre. Dicen, soy madre o hijo o familiar de los 30.000. A eso me refiero con la capacidad del ciudadano de reconocer al otro. Pero dejemos la categoría del Ciudadano para mas tarde,ya que esa es mi conclusión.

    Volvamos al tema de la Desaparición. Al pasar el tiempo, se hace evidente la dimensión de la tragedia: si deseo que mi hijo esté vivo, y sé lo que significa un campo de concentración, deseo que este sufriendo. Por lo tanto caigo en el mecanismo de la culpa ya que le deseo sufrimiento. Si deseo que este muerto, para que deje de sufrir, entonces le deseo la muerte, y por lo tanto también caigo en la culpa. En dos palabras, este mecanismo perverso va destrozando al sujeto por dentro ya que no hay un corte posible a este sufrimiento. No hay duelo posible, o si se quiere, lo que hay es un duelo infinito en la medida en que no tengo respuesta. Yo nunca termino de apagar esa llamita de esperanza de que él ande por ahí, enfermo, psicotico o amnésico. Y aquí volvemos a caer en la importancia de los rituales funerarios.

    Hace 24 siglos, Sófocles escribió al respecto una obra maravillosa "Antígona". No soy el primero en decir que nuestras Madres de Plaza de Mayo son Antígonas modernas. Porque al igual que la heroína de la tragedia, enfrentadas a los Creontes de turno, reclaman su derecho a la verdad. Porque al igual que todas las Antigonas de la historia nos enseñan que por sobre la ley de los hombres está la ley de los dioses, lo fundante de la especie. Y en una magistral lección de ética nos señalan que la opción siempre existe, aún a costa de nuestra propia vida, como Antigona, o como Azucena Villaflor, fundadora de las Madres. Para cerrar el extenso capítulo del Idiota, solo cabría agregar que en la situación de Desaparición Forzada de personas, la actitud tomada por el conjunto de la población repercutirá directamente sobre el sufrimiento de los afectados: mientras que la solidaridad alivianan la pena, el rechazo y el "no te metas"aumentan el peso del sufrimiento. Es en esas lides donde Idiotas, Turistas y Ciudadanos resuelven lo que ha de acontecer con en el campo de lo social. Es hora de pasar a hablar de los Ciudadanos y de cerrar con ellos esta exposición. Hemos centrado nuestra perspectiva desde la relación con el otro. Hemos dicho también, que el solo hecho de vivir en el orden del lenguaje, de la cultura, implica un nivel de conflicto, inherente a la condición humana, que se debate entre sus necesidades y las del otro. Esta situación constituye una nueva paradoja, porque a la vez que mi naturaleza me lleva a la satisfacción inmediata de mis necesidades encuentro permanentemente como obstáculo las necesidades del otro. La tentación de aniquilarlo para mi satisfacción es muy fuerte. Pero es igualmente cierto que mi existencia depende del otro. Freud presenta esta situación con la paradoja de los puercoespines en invierno. Nos dice que cuando hace frío los puercoespines se enfrentan a la siguiente disyuntiva: si se acercan demasiado, se pinchan y mueren; pero si se alejan demasiado mueren de frío. La solución, claro está, es encontrar la distancia justa. Es decir, lograr comprender que por mas que el otro pinche, si quiero sobrevivir lo necesito. Y esta es la posición del Ciudadano. El Ciudadano no es un santo, pero toma en consideración el hecho de que existe un otro y lo reconoce como tal. Es decir, tiene una capacidad de empatía con el otro. E independientemente de cuán diferente es ese otro, le reconoce una identidad común con él mismo. Es decir, desarrolla una política con respecto al otro, en los términos en que hemos definido la política. Esto es, reconoce las pasiones del alma del otro. Esto no quiere decir que no las combata en el foro de esta agora imaginaria, pero le reconoce el estatus de Ciudadano a igual título que él. Y como la carta de Ciudadanía viene con ciertos derechos, pero también con ciertas obligaciones, reconoce que existen determinados límites, límites éticos que no pueden ser traspasados. Me propongo llamar a esos límites éticos, los Derechos Humanos, y creo haber demostrado mínimamente el porqué son imprescindibles a la dura tarea de la convivencia. Y la razón por la cual, en ultima instancia, son un buen negocio para el conjunto de los individuos.

    Desearía agregar que la segunda característica del Ciudadano es su comprensión del hecho social en sí. Es decir su capacidad para posicionarse en relación a las redes del poder, a lo que Aristóteles llamaría las pasiones de la Polis. Desde un lugar diferente al del terror. Esto releva de su entendimiento, innato quizás, del valor que el mismo posee, por el solo hecho de ser. Y su disposición a aceptar la responsabilidad que le cabe, por el solo hecho de ser parte de la trama social.

    CONCLUSION:

    A modo de conclusión sólo nos resta hilar lo que hemos desplegado. Esto podría resumirse diciendo que: Lo humano, lo que podríamos llamar lo propio de la especie, es su condición de animal social. Es decir, sólo somos en la medida en que quedamos atrapados en las redes del lenguaje. Esta condición nos hace dependientes de las formas que adoptan las relaciones que se tejen al interior del campo de lo social, el cual hemos definido como sistema. La característica de este sistema es su inestabilidad, su continua tendencia al conflicto, el cual es inherente al choque de los deseos que en él se hallan representados por las necesidades dispares de los individuos que lo conforman.

    Frente a este estado de cosas, y movidos fundamentalmente por la necesidad y la dependencia hacia el otro, lo social establece un orden. Cualquier orden, pero este orden es mas inestable en la medida que crece la cantidad de individuos excluidos del mismo, lo que genera un grado variable de violencia por la ruptura del pacto narcisista, pero que genera también instancias de contención y búsqueda de restablecimiento del pacto que hemos llamado tercero de apelación. Función que, en un estado ideal debería desarrollar el estado, como representante y garante de este pacto, el cual en el nivel superior hemos llamado pacto social. Al fallar el estado en esa función, y para preservar la vigencia del pacto narcisista, la sociedad civil desarrolla contrapoderes de resistencia que intentan restablecer los parámetros necesarios a la convivencia. Estos parámetros, en lo que hace a la violencia política, es decir al lugar en que chocan sujeto y poder (las pasiones de la ciudad de Aristóteles), están representados por el conjunto de los Derechos Humanos, práctica aplicada de un conjunto mas amplío al que llamamos ética.

    A su vez, la ética se propone como un sistema de resolución de conflictos coherente con una teoría acerca de este universo. Pero en la medida en que no hay una teoría unificada acerca del mismo, la ética es llamada a ser a su vez una práctica en conflicto y evolución permanente, lo que la distingue de la moral, que es una verdad revelada.

    En ese estado de cosas, los sujetos alternarán entre 3 posiciones que hemos llamado del Turista, del Idiota y del Ciudadano. Las mismas no son cualidades ontológicas inherentes al ser del sujeto, sino que frente a cada acto, el sujeto realiza una elección y se hace responsable de la misma. Desde esta perspectiva, podríamos decir que todos somos alguna vez Turistas, Ciudadanos o Idiotas. Pero en la medida en que solo la posición del Ciudadano reconoce al otro, aún en su diferencia radical, las dos restantes implicarán que el sujeto pague en su subjetividad el costo de haber traicionado el pacto que lo une con sus semejantes, y a la larga es el conjunto social el que zozobra, pagando esta falla ética en la emergencia de la violencia dirigida contra si mismo o entre los miembros de su comunidad.

    Es por eso que los Derechos Humanos son un asunto de ciudadanos. Y en esta línea, la educación en Derechos Humanos no es ni mas ni menos que la mas importante de las tácticas, de esa estrategia terapéutica que reclamábamos al comienzo. Implica buscar los modos de abordaje y facilitación para que el proceso de construcción del otro llegue a buen puerto.

    Vine aquí a hablar de la situación de los Derechos Humanos en Aca. Lat., y aparentemente la he nombrado poco, y sin embargo, considero que no he hecho mas que hablar de mi tema. Si Ustedes están de acuerdo con lo que expuse, solo les resta la tarea de adaptar lo enunciado a los parámetros que Ustedes consideren propios de nuestro continente.

    Gracias.

    Trata de juan jose luis

     

    Cita

    juan jose luis. 1994

    Reconfórtenme con pasteles de pasas,

    reanímenme con manzanas,
    porque estoy enferma de amor.

     

    Cantar de los Cantares, 2:5

    cita seleccionada por el historiador roberrto amigo para la serie novias

    Trata de YouTube - Soko -- Take my heart

     

    Cita

    YouTube - Soko -- Take my heart
      

    texto de compañía: julio cortazar-Instrucciones para entender tres pinturas famosas

    Instrucciones para entender tres pinturas famosas

    El amor sagrado y el amor profano, por TIZIANO

    Esta detestable pintura representa un velorio a orillas del Jordán. Pocas veces la torpeza de un pintor pudo aludir con más abyección a las esperanzas del mundo en un Mesías que brilla por su ausencia; ausente del cuadro que es el mundo, brilla horriblemente en el obsceno bostezo del sarcófago de mármol, mientras el ángel encargado de proclamar la resurrección de su carne patibularia espera inobjetable que se cumplan los signos. No será necesario explicar que el ángel es la figura desnuda, prostituyéndose en su gordura maravillosa, y que se ha disfrazado de Magdalena, irrisión de irrisiones a la hora en que la verdadera Magdalena avanza por el camino (donde en cambio crece la venenosa blasfemia de dos conejos).
    El niño que mete la mano en el sarcófago es Lutero, o sea, el diablo. De la figura vestida se ha dicho que representa la Gloria en el momento de anunciar que todas las ambiciones humanas caben en una jofaina; pero está mal pintada y mueve a pensar en un artificio de jazmines o un relámpago de sémola.


    La dama del unicornio, por RAFAEL

    Saint-Simon creyó ver en este retrato una confesión herética. El unicornio, el narval, la obscena perla del medallón que pretende ser una pera, y la mirada de Maddalena Strozzi fija terriblemente en un punto donde habría fustigamientos o posturas lascivas: Rafael Sanzio mintió aquí su más terrible verdad.

    El intenso color verde de la cara del personaje se atribuyó mucho tiempo a la gangrena o al soísticio de primavera. El unicornio, animal fálico, la habría contaminado: en su cuerpo duermen los pecados del mundo. Después se vio que bastaba levantar las falsas capas de pintura puestas por los tres enconados enemigos de Rafael: Carlos Hog, Vincent Grosjean, llamado «Mármol», y Rubens el Viejo. La primera capa era verde, la segunda verde, la tercera blanca. No es difícil atisbar aquí el triple símbolo de la falena letal, que a su cuerpo cadavérico une las alas que la confunden con las hojas de la rosa. Cuántas veces Maddalena Strozzi cortó una rosa blanca y la sintió gemir entre sus dedos, retorcerse y gemir débilmente como una pequeña mandrágora o uno de esos lagartos que cantan como las liras cuando se les muestra un espejo. Y ya era tarde y la falena la habría picado: Rafael lo supo y la sintió morirse. Para pintarla con verdad agregó el unicornio, símbolo de castidad, cordero y narval a la vez, que bebe de la mano de una virgen. Pero pintaba a la falena en su imagen, y este unicornio mata a su dueña, penetra en su seno majestuoso con el cuerno labrado de impudicia, repite la operación de todos los principios. Lo que esta mujer sostiene en sus manos es la copa misteriosa de la que hemos bebido sin saber, la sed que hemos calmado por otras bocas, el vino rojo y lechoso de donde salen las estrellas, los gusanos y las estaciones ferroviarias.


    Retrato de Enrique VIII de Inglaterra, por HOLBEIN

    Se ha querido ver en este cuadro una cacería de elefantes, un mapa de Rusia, la constelación de la Lira, el retrato de un papa disfrazado de Enrique VIII, una tormenta en el mar de los Sargazos, o ese pólipo dorado que crece en las latitudes de java y que bajo la influencia del limón estornuda levemente y sucumbe con un pequeño soplido.

    Cada una de estas interpretaciones es exacta atendiendo a la configuración general de la pintura, tanto si se la mira en el orden en que está colgada como cabeza abajo o de costado. Las diferencias son reductibles a detalles; queda el centro que es ORO, el número SIETE, la OSTRA observable en las partes sombrero-cordón, con la PERLA-cabeza (centro irradiante de las perlas del traje o país central) y el GRITO general absolutamente verde que brota del conjunto.

    Hágase la sencilla experiencia de ir a Roma y apoyar la mano sobre el corazón del rey, y se comprenderá la génesis del mar. Menos difícil aún es acercarle una vela encendida a la altura de los ojos; entonces se verá que eso no es una cara y que la luna, enceguecida de simultaneidad, corre por un fondo de ruedecillas y cojinetes transparentes, decapitada en el recuerdo de las
    hagiografías. No yerta aquel que ve en esta petrificación tempestuosa un combate de leopardos.

    Pero también hay lentas dagas de marfil, pajes que se consumen de tedio en largas galerías, y un diálogo sinuoso entre la lepra y las alabardas. El reino del hombre es una página de historial, pero él no lo sabe y juega displicente con guantes y cervatillos. Este hombre que te mira vuelve del infierno; aléjate del cuadro y lo verás sonreír poco a poco, porque está hueco, está relleno de aire, atrás lo sostienen unas manos secas, como una figura de barajas cuando se empieza a levantar el castillo y todo tiembla. Y su moraleja es así: «No hay tercera dimensión, la tierra es Plana, el hombre repta. ¡Aleluya! ».

    Quizá sea el diablo quien dice estas cosas, y quizá tú las crees porque te las dice un rey

     

    Texto de compañía:julio cortazar-Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda al reloj

    Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda al reloj

     

    Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente un reloj, que los cumplas muy felices, y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con ancora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te ataras a la muñeca y pasearas contigo. Te regalan -no lo saben, lo terrible es que no lo saben-, te regalan un nuevo pedazo fragil y precario de tí mismo, algo que es tuyo, pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgandose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de a atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia a comparar tu reloj con los demas relojes. No te regalan un reloj, tu eres el regalado, a tí te ofrecen para el cumpleaños del reloj.

    vista de la muestra escuela

     

    Cita

    sala  jota- escuela- marzo 2008


    nota publicada en Ñ por romina freschi

    Romina Freschi

     

    historias del arte- Diccionario de certezas e intuiciones de Diana Aisemberg

    Adriana Hidalgo

     

    Los diccionarios son indispensables para mí. Las palabras no solo tienen peso dentro de un poema o una clase, sino también en el colectivo, cuando hago las compras y cuando me defino como persona y como ciudadana. De repente una palabra me es dicha y yo descubro a partir de eso toda una posibilidad de trabajo, de pensamiento y de entendimiento. Es por eso que quiero recomendar el diccionario de historias del arte de Diana Aisenberg, en su reciente edición de Adriana Hidalgo, pero también en el proceso vital que implica el armado del diccionario. Desde 1997, Diana viene recopilando por mail, y por distintos medios variables, información, descripciones, pistas, ideas, experiencias, rumores, recuerdos, citas acerca de palabras ligadas al arte, en un principio, pero no de manera excluyente.  El resultado es una gama de definiciones que van desde lo etimológico hasta lo sensorial, dejando un registro y, por lo tanto, llevando a la conciencia, ese tejido de actualidad que vamos construyendo en la comunicación diaria, lo que está “en el aire” como dice Diana misma, y que es portador de identidad y memoria. La recopilación del material es un proceso que continúa, y es posible participar enviando un mail a historiasdelarte@gmail.com La lectura del diccionario es de todos modos un modo de participar, ya que lo más bello de este proyecto es que tiene un efecto vital, y es que uno se queda pensando.

    memeria en construccion, una convocatoria de marcelo brodsky

    desaparecido
    * se oculta repentinamente.
    * el día en que se colocó la placa su padre dejó de ser un desaparecido.
    * existe aunque no puede ser visto.
    * lo que existe porque no puede ser visto.
    * se entiende por desaparición forzada de personas.

    *
    más muertos fuera del cementerio que adentro.

    *desde la óptica del Derecho, refleja la situación de casi certeza que se tiene de que el individuo desaparecido está muerto aunque no se haya podido encontrar el cadáver. La presunta certeza de la muerte del desaparecido se apoya o descansa en la naturaleza del acontecimiento que constituye la certeza, la causa eficiente y determinante de la desaparición: El accidente de una nave aérea en pleno vuelo, la explosión de una caldera de un barco, o de una mina de carbón, la guerra o el sismo violento, etc.
    * el Senado y Cámara de Diputados de
    la Nación Argentina reunidos en Congreso, etc., sancionan con fuerza de ley: Artículo 1º Podrá declararse la ausencia por desaparición forzada de toda aquella persona que hasta el 10 de diciembre de 1983 hubiera desaparecido involuntariamente del lugar de su domicilio o residencia, sin que se tenga noticia de su paradero.

    * miles de personas desaparecieron en
    Argentina durante la guerra sucia. Fueron
    arrancadas de sus hogares, lugares de trabajo o de paseo, para ser metidas en centros clandestinos de detención cruelmente torturadas y posteriormente "trasladadas". Aún hoy, más de veinte años después del inicio del horror, no se sabe con exactitud cuántos fueron ni quiénes fueron. Las fuerzas armadas responsables por estos crímenes contra la humanidad han rehusado repetidamente entregar las listas de desaparecidos, negando su existencia (la cual es atestiguada tanto por represores como por sobrevivientes).
     

    * un bote artesanal que había desaparecido el sábado 1 de septiembre desde caleta Punta Lavapié, en Arauco, fue encontrado el 2 de septiembre, frente a Lirquén, con sus tripulantes a salvo. En la búsqueda participó el avión naval de la Gobernación Marítima de Talcahuano, y botes a motor de pescadores y lugareños.La embarcación, que se había quedado sin bencina, fue arrastrada por los vientos, recalando por sus propios medios en Coliumo, en las cercanías de Lirquén.

    * soy nieto de un desaparecido. Mi abuelo se llamaba Emilio Silva Faba. Lo mataron a tiros junto a otras trece personas y lo abandonaron en una cuneta, a la entrada de Priaranza del Bierzo. Todas sus honras fúnebres consistieron en un agujero y unas palas de tierra bajo las que todavía hoy están sus restos.

    * estoy entendiendo el trabajo sistemático que hice desde el comienzo de la democracia para borrar mis propios rasgos y no dejar huella, como resabio de un trabajo interno, donde uno aprende a borrar los nombres y los números y las calles, borrar los datos, borrar los registros para estar protegido y también para proteger a los que uno quiere. Este es el matiz que toma la estética de la desaparición en países periféricos en épocas de dictadura.
    * está presente, pero nos está vedado verlo. No es invisible, pero tampoco es visible. Soporta un proceso de desidentificación, pero aún es posible identificarlo a través de la memoria. La memoria toma el lugar de la verdad histórica.

    Claudia Fontes

    * los europeos cultivaron deliberadamente esta imagen, no permitiendo nunca que los nativos presenciaran la muerte de un hombre blanco: solían arrojar en secreto sus cuerpos al mar y explicaban que los hombres desaparecidos habían vuelto al cielo.

    Marvin Harris

    historias del arte  diccinario de certezas e nticiones.

    texto publicado en

    memoria en construccion

    un debate sobre la ESMA.

    intuicion para oh lalá adn la nacion

    intuición

     

    * actuar, arriesgar, conquistar, enamorar, deducir, inventar, oír, oler, ligar, mover, presentir, producir, reaccionar, seducir, sentir, ver.

    * activa, acierta, adivina, aparece, concentra, desborda, irrumpe, sorprende.

    * se desliza, se arrastra, se entrena, se infiltra.

    * intuyo, deduzco, supongo

    * creo, confío, apuesto.
    * el ser intuitivo: el hacedor, el que crea, el que inventa.

    * clarividencia, canto hondo, corazonada, visión.

    * acciona el cuerpo.

    * produce actos.

    * sin lógica aparente

    * de un modo intuitivo, intuitivamente.

    * mirar dentro, mirar fuera, a lo lejos.

    * atajo del cerebro.
    * río debajo del río.

    * habla del alma
    * ubicuidad.

    * ligada y fundida al instinto.

    * no pide permiso.
    * calidad de las decisiones

    * célula o cápsula que incluye saberes necesarios para seguir adelante.

    * conocimiento que nos pertenece, y no sabemos que lo tenemos. Función del cerebro poco entrenada en los humanos y muchas veces devaluada.

    * acumulación de datos activados que el cerebro almacena, procesa y recupera

    * la forma de la pura intuición, o la intuición pura.

    * intuitivamente conquista la razón.

    * revela inteligencia.

    * inherente a la producción de pensamiento

    *principio indemostrable que se revierte en el campo del arte
    * puede verse falseada por nuestros prejuicios, nuestra educación previa o por las limitaciones de nuestros órganos sensoriales.
    * dice Virilo que dice Bergson, que la intuición es un momento de aceleración de la inteligencia, un cambio de velocidad.
    * lo intuitivo se define con mayor exactitud como una lógica acelerada, paralela al pensamiento consciente en todo salvo en su sensibilidad y fluidez. Generalmente los significados más profundos atribuidos a la intuición corresponden con mayor propiedad a la aprehensión sensorial. He aquí lo inefable. Este tipo de experiencias es fundamentalmente no verbal, pero no es muda respecto a lo visual y a los otros sentidos. Siempre existe la posibilidad de explicar lo intuitivo en el universo verbal. Pero lo intuitivo en el sentido plástico, en todas las artes - incluso en la poesía- es algo que jamás podrá ser conscientemente explicado.
    Lazló Moholy Nagy


    texto ampliado y reeditado sobre la entrada intuición, de Historias del arte Diccionario de certezas e intuiciones
    Diana Aisenberg  987-1156-07-3 Adriana Hidalgo editora



    Diana Aisenberg, 1958. Vive y trabaja en Buenos Aires. -. Aisenberg pertenece a una generación de artistas que apareció en la escena del arte argentino hacia la década del '80. Como maestra ha instruido a muchos jóvenes artistas contemporáneos en los últimos años. Su obra nace en el dibujo y la pintura y se expande a través de la educación y la compilación y coordinación de un diccionario de arte que se desarrolla en performances, instalaciones, libros, videos. Coordinó el área de artes plásticas del Centro Cultural R. Rojas de la Universidad de Buenos Aires. Premios AACA/AICA : recibe el premio “J. A. García Martinez” a la acción docente 2003 de la Asociación Argentina de Críticos de Arte. Coordina clínicas de artistas para el análisis de obra, en Buenos Aires, y en todo el país. Anteriormente se desempeñó como docente de Morfología en la Facultad de Diseño Gráfico, UBA Bs. As.; Centro Cultural Borges; en la Escuela Para Maestros De Teatro de San Miguel entre otros. Su obra pictórica  puede visitarse en la galería Daniel Abate, Buenos Aires.

    Para más información visitar historiasdelartedicc.blogspot.com- daisenberg.spaces.live.com.